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Luis Vélez de Guevara

  La dama en los chapines...

  A un hombre muy flaco

  Romance del mismo

te esperaba en pie, muy alta,

diga tu sobra o tu falta,

¡Oh, padre de matachines!

Porque, por más que te empines,

camello enano con loba,

es de soplillo tu trova;

aunque son de Apolo hazañas

que todo un juego de cañas

te cupiese en la córcova.

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A un hombre muy flaco

 

"Dígasme, tú, el esqueleto,

 que haces la vida estatua,

hombre que al hambre pareces,

¿a dónde te cabe el alma?

"El que de estoque de hueso

a línea reta se pasa,

¿adónde tiene las tripas,

quien nunca tuvo quijadas?

"El que es caballete en pena,

el que es pespunte de tabas

 longaniza de sepulcros

y jeringa de fantasmas;

 

"el que es tu mismo cuerpo

 sombra de capa y espada,

sobre su conciencia vivo,

muerto sobre su palabra;

"el que fue dardo y virote

en la pérdida de España

¿qué hace de lo que bebe?,

¿dónde esconde lo que masca?"

Levantóse la estantigua,

que de un capullo de bragas

 era gusano de tumba

que parce miquis hilaba,

y enhebrando por las venas

en una aguja la habla,

con gárgaras de finado

dio tal respuesta, escuchadla:

"Asador soy de mí mismo,

con tan poca carne humana,

que traer puedo entre muelas

la pulga más ermitaña.

"Tan en ayunas los huesos

 están de toda vianda,

que soy vigilia perpetua

del sabañón y la sarna.

"Tan buído soy de mío,

que cuando salgo de casa

por notomía de esgrima

la zapatilla me zampan.

"Zancarrón fui de Mahoma

 más de catorce semanas,

y por flaco en demasía

me juraron de almarada.

"Azote soy de cochero

para servir a las damas,

y hombre, al fin, de pergamino,

que con goma me embalsaman.

"Porque el viento no me lleve

cuando se mueve, me amarran:

 ten, caminante, el resuello

que darás conmigo en Jauja."

 

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ROMANCE DEL MISMO

Hace sierpes de cristal

un arroyo fugitivo,

por libre y murmurador,

despeñado de unos riscos.

Hecho pedazos de plata

baja a dar perlas a un mirto,

ufano con sus despojos

y con su caudal altivo.

Aun despeñado no calla,

hecho pedazos da gritos,

aunque son sus guijas dientes

 y sus lenguas son de vidrio.

Y encrespándose en las flores,

con natural artificio,

compone de espuma y nieve

al prado penachos rizos.

Hasta los brazos del Bétis

 no deja de hacer rüido,

que dando tributo al mar

nace arroyo y muere río.

Miraba este ejemplo Lauro,

que tras unos corderillos

bajaba también al valle,

y a las claras aguaas dijo:

"Bullicioso arroyuelo   

 que te despeñas,

llévate mis males

entre tus perlas."

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