Salvador Rueda

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Afrodita

Mi patria

La fiesta

Afrodita
Venus, la de los senos adorados
que nutren de vigor savias y rosas;
la que al mirar derrama mariposas
y al sonreír florecen los collados;
la que en almas y cuerpos congelados
fecunda vierte llamas generosas,
de Eros a las caricias amorosas
ostenta sus ropajes cincelados.
Ella es la fuerza viva, el soplo ardiente
de cuanto sueña y goza, piensa y siente;
de cuanto canta y ríe, vibra y ama.
En el niño es candor, eco en la risa;
en el agua canción, beso en la brisa,
ascua en corazón, flor en la rama.

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MI PATRIA

  Riberas desde Nerja hasta Estepona,

costas que encierran mi niñez, mi vida:

¡Con qué esplendor en nuestra mar bruñida

destrenza el sol la luz de su corona!

  Un himno grande vuestra tierra entona,

que recogí en el alma estremecida,

viendo el tumbo del agua sacudida,

que en las peñas sus lirios desmorona.

  Todo es en ti soberbio, patria amante;

sobre tu costa, el cielo rutilante

de luz se ornó más puro y más bendito.

  Y las ondas, que elevas y desmayas,

cantan a Dios rodando por las playas,

como un tropel de lenguas infinito.

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LA FIESTA

 ¿Qué cuadro es el que cubre

la fértil enramada,

en cuyas frescas hojas

el aire ríe y canta?

 ¿Acaso de Penélope

junto a la rica estancia

los pretendientes bellos

hacen errar la crátera?

 ¿De Ulises en ausencia,

beben, comen y bailan,

mientras la tela dócil

teje la esposa casta?

 ¿Qué gritos de alegría

arrojan las gargantas,

por donde pasa el vino

en bocanadas áureas?

 Al engendrar la risa,

los tórax se dilatan,

mostrando el torso rudo

de sólidas estatuas.

 Hay en los pechos brío,

amor en las palabras,

en el ambiente fuego,

y en las pupilas ansias.

 ¿Quiénes son los que, alegres,

forman la fiesta clásica?

¿Griegos? No, campesinos

de la graciosa Málaga;

 que, en vez de fiesta griega,

como en la Odisea magna

describe el grande Homero,

celebran viva zambra.

 Se dio ya en los paseros

de mano a la jornada,

y el baile de la tierra

despliega luz y gracia.

 Un mozo como un bronce

puntea y enmaraña

sus dedos en las cuerdas

de artística guitarra.

 Otro, los roncos crótalos

suena, a compás que estallan

los de la linda moza

que a su presencia baila.

 Otra mozuela entona

rondeñas y murcianas,

y todos los restantes

a coro baten palmas.

 Cuando una copla empieza,

otro cantar acaba;

no hay punto de reposo,

y ríe el que no habla.

 Todo en redor se agita

de la aceitosa llama

que da el candil, haciendo

de mortecina lámpara.

 Y rebosando vino,

de labio en labio pasa,

en vez del vaso griego,

la primorosa jarra.

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