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Siento crecer profunda y dulcemente hacia dentro del tronco de mi vida una raíz de savia renacida que en ti tan sólo encuentra tierra y fuente. ¡Oh, qué intenso fluir, qué ser presente el ansia renovada y sin medida que estalla a cada instante, y, sin herida, me inunda de una sangre más ferviente! ¡Oh tierra y cielo y flor y rama nueva, árbol de ti nacido ya en la cumbre del monte de mis días, a deshora! ¡Hasta el más alto tallo sube, y lleva tu savia radical la ardiente lumbre de este amor mío, en rumbo hacia la aurora! |
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¡Esta
noche es tan honda
y es tan larga!
En
la quietud del aire
que
estás aquí en mis labios;
No,
amor, nadie lo sabe;
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¡Talle nocturno y sombra despeinada! Clamor de cielo y aire, signo apenas de una playa de mirtos y sirenas, espuma el talle y la melena alada. ¡Oh, signo y norma de esta tierra anclada! Esbelta ninfa, viento y mar estrenas, caracola de lirios y azucenas, de estrellas y alga verde coronada. Nada perturba tu desnudo anhelo ni tuerce la flexible primavera con que susurras por llegar al cielo. Erguida y llameante vas ligera hasta el más alto azul, huyendo al suelo para decir tu nombre de palmera.
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