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José Luis García Martín

Adolescencia

El secreto

El otro amor

Intermedio sentimental

ADOLESCENCIA

Ciudad anochecida

                                           lluvia en mi corazón.

 

Borrosamente recuerdas,

donde soñaste ser feliz un día,

viejas sombras amigas,

tibios cuerpos apenas existentes

cuando a oscuras dejaban en tu cuerpo

semillas de desgana y de melancolía.

 

¿Y a dónde iré que no me sienta extraño?

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EL SECRETO

¿No habéis sentido nunca,

no en sueños, bien despiertos,

que el mundo se detiene,

que se escucha tan sólo,

agónica, distante,

una respiración;

que hay una lluvia inmóvil

y rayadas imágenes,

que el rostro de los niños

de pronto amarillea;

que la mujer que amas,

que el amigo que escuchas,

son de papel pintado,

garabatos antiguos;

que las flores no huelen,

sabe a ceniza el pan

y las palabras quedan

escritas en el aire

con una tinta clara

que al instante se borra?

Sólo un instante, sólo

algo visto y no visto:

el tiovivo del mundo

pronto gira de nuevo.

Y tú lo miras todo

con asombro y desgana.

Y sonríes, y olvidas

que estás en el secreto.

 

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EL OTRO AMOR

Sí, los pasos que impacientes suenan

en otra habitación, cerca, muy cerca,

( calla un instante,

                                        escucha,

escucha bien)

son los pasos de mi amor más cierto.

Desde muy niño

rondó a mi alrededor, perrillo triste.

Antes de tú llegar ya estaba ella,

antes de tú nacer me sonreía,

segura del final, consoladora.

¿Temes acaso que celosa llegue

a perturbar este rincón feliz,

a manchar con sus labios

los tuyos tan recientes,

a acariciar un sexo que se esconde

con dedos fríos y amarillos?

Sólo me quiere a mí, no te preocupes.

Yo sólo a ella la he querido,

aunque quiera quererte sólo a ti.

Si apoyo la cabeza

en tu hermosa llanura soleada,

es a ella a quien escucho,

no a tu corazón, que late sólo

(repítelo otra vez), sólo por mí.

Dentro de treinta años,

cuando tengas mi edad,

sabrás aquello que ahora ignoras

(mejor que no lo sepas nunca).

Vuelve ahora a gemir,

a sonreír, a ser amanecer y ser

acaso,

azar afortunado,

manzana en el edén,

arena inmensa, diminuto

mar, siempre recién nacido.

El amor era ella,

la que espera impaciente,

pero tú eres la vida.

Malgasta conmigo tan divino tesoro,

recobra el varonil vigor perdido.

 

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INTERMEDIO SENTIMENTAL

Has llegado a mi vida

sin avisar, sin llamar a la puerta,

con tus botas gastadas,

con tu sonrisa herida,

y has derribado de un soplo

la muralla de tinta y de papel

que protegía mi mundo.

¡Era tan grata tanta soledad!

Pronto te irás. Adiós, adiós.

¿Qué me dejarás cuando te vayas?

¿Sólo dolor mientras se desvanece

ese olor a infancia y paraíso

que has traído contigo?

Mi corazón, hotel de pocas noches.

Te acaricio y sonrío.

Ya sé que estás de paso.

Que te dejas querer

un poco por piedad,

por gratitud,

que abandonas tu cuerpo

como un dócil juguete

mientras que tú te ausentas,

cierras los ojos,

piensas en quienes has amado,

en quien secretamente deseas,

nunca en mí.

Pero estás en mis brazos,

no en los suyos.

Ya sé que vivo de prestado,

nunca pude vivir de otra manera.

Cuando te hago reír,

cuando distraído sonríes,

cuando me veo reflejado en tus ojos

(también cuando muy lejos y a mi lado

pareces ser feliz),

el mundo se detiene

y baila sobre un pie.

 

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