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Allá va la ronda de las chicas guapas; dicen que hay bautizo en la Plaza Larga. Cuatro farolillos a la veneciana alumbran, bailando, la puerta de entrada.
nos lleva a una sala de negra techumbre, de paredes blancas. Hay cuadros de santos y escenas de caza y sobre la cómoda, herencia sagrada, un espejo que hace la cara achatada; los que en él se miran se ríen sin ganas. Llena de confites, la bandeja pasa, los vasos de vino, la sangría helada; copas de aguardiente que saltan las lágrimas y para calmarse la fresca alcarraza. |
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Vida y muerte sueños son,
y todo en el Mundo
sueña... Sueño es la vida del hombre, sueño es la muerte en la piedra. En esos ojos cerrados quedó grabada una idea: «Más que ver lo que ve el hombre vale estar ciego en la piedra.» En esos rígidos labios quedó una palabra yerta: «Más que hablar lo que habla el hombre vale estar mudo en la piedra.» Y de este pecho en el fondo hay una esperanza muerta: «Más que la vida del hombre vale la muerte en la piedra.» Si vida y muerte son sueño... Si todo en el Mundo sueña... ¡Yo doy mi vida de hombre por soñar muerto en la piedra!
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Los albos copos que al caer se mecen en el aire, por fuerzas agitados de misterioso amor, arrebatados giran y en torbellino desparecen. Los ámbitos se cierran y oscurecen y escuchan los oídos angustiados en las tinieblas gritos apagados que, llegando hasta el alma, la estremecen. La voz de la creación por el caos vuela y algo divino nace: blanca forma, fantástico ideal va contorneándose, que en mujer sobrehumana se transforma... y mientras yo la invoco, ella, alejándose, con su mirada el corazón me hiela. |
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Su fino rostro en luz azul bañado de sus grandes pupilas luminosas, se recata en las ondas caprichosas del mar de sus cabellos encrespados. Su mirar dulce, suave, está velado por plácidas visiones amorosas, y un rumor leve de ansias misteriosas en su boca entreabierta ha aleteado. Su talle esbelto, airoso se cimbrea: ora se yergue altivo, dominante, ora se mece en lánguido vaivén, cuando le arrulla la feliz idea de abrir su pecho a un corazón amante y decirle: estoy sola y triste, ven.
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