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A una fuente

El cartero

BELLEZAS DE LA GRANJA

A UNA FUENTE.

Ved sus soberbios caudales:
como plateadas centellas
los impetuosos raudales
en guirnaldas de cristales
van a bordar las estrellas.
O brotando confundidos
entre lirios y abedules,
van por las auras mecidos,
arcos de perlas perdidos
en los espacios azules.
Y apenas a orlar se atreve
con su planta el firmamento
menudos diamantes llueve,
con sus penachos de nieve
engalanándose el viento.
Ya su raudal espumante
la luz del sol centellante
baña en coral y topacios,
queriendo atar los espacios
con sus cintas de diamante.
Y matizando las flores
caen sus gotas, que al verterlas
tornasolan los albores:
pintando iris de colores
en la lluvia de sus perlas.
Ya inquieta rielando mueve
en caprichosos reflejos
sus blondas de gasa leve,
o ya con rizada nieve
orla quebrados espejos.
Ya coronas argentinas
dibujan sus manantiales,
cóncavos caen sus cristales:
sobre gayas clavellinas
tornasolados fanales.
Ya sus hilos enlazando
los teje en trenza rizada;
ya su corriente quebrada
quejosa va murmurando
en sonorosa cascada.
O ya con nudos de perlas
redes tiende al firmamento,
y el viento ayuda a tejerlas,
y luego por no romperlas
se queda parado el viento.
Y a las luces matinales
entre albores de corales
por el espacio, esplendentes,
van sus rizados cristales
en enroscadas serpientes.
Ya giran veloz surcando
cual cisne de nívea pluma,
columpios del aire blando
los espacios argentando
globos de rizada espuma.
Ya ensortija entre crespones
su melena vagarosa:
ya de sus mismos florones
en soberbios borbotones
va murmurando envidiosa.
Ya en riscos abrillantados
nublando la luz día
se elevan, o caen lanzados
del cielo en aljofarados
diluvios de argentería.
Mas ¡ay! que presto agotando
tus tesoros transparentes,
breves gotas destilando,
por sus perdidas corrientes
te quejas como llorando!
Como el viento, de pasada,
nada tu huella perdida
deja en la esfera azulada;
la corriente de la vida
¡qué deja en el mundo? Nada!
Que así cual rápidamente
se eleva, cae tu torrente,
y de la vida trasunto
vas a gozar solamente
de vida en el aire un punto.
Viendo esa fuente serena
pensó olvidar sus enojos
el alma de angustias llena:
del manantial de su pena
fuente les sobra a mis ojos.
Y adiós: que en celos ardiendo
el volcán que el alma abrasa
en vano apagar pretendo:
también mi vida se pasa
como tus ondas: gimiendo.

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EL CARTERO

¿Quién  fue en el mundo el primero,

y de qué pueblo oriundo?

Pero yo pienso, y me fundo.

que antes que hubiera un Cartero

ya hubo cartas por el mundo.

Por cierto es duda cruel,

aunque por razones hartas

que hoy me asaltan en tropel,

creo que antes que las cartas

debió inventarse el papel.

Y también tengo razones

para publicar en suma,

que antes que tinta, algodones

y las letras y renglones

debió inventarse la pluma.

Mas volviendo á otra verdad,

¿quien fue su autor verdadero?

La que inventó al mundo entero,

la horrible necesidad

fue inventora del cartero.

Y si ofenden mis razones

de carteros al enjambre

les daré satisfacciones,

allá van; fuera alusiones:

la necesidad no es hambre.

Todas las artes u oficios

innovaciones ofrecen,

cambian , o desaparecen,

mas los iguales servicios

de este arte, jamás perecen.

Arte dije ¡a los Carteros!...

Oh lector, ¡no lo resistas!

Aunque hoy día las modistas,

los sastres , los zapateros

todos se llaman artistas.

Sin ventajas verdaderas,

sin ascensos que mitiguen

sus ambiciones carteras,

los que estas carreras siguen

no toman malas carreras.

Siempre falto de saliva

en su continuo trabajo,

apenas el suelo liba,

que el correr, aun cuesta abajo,

se le hace muy cuesta arriba.

El Cartero y jugador

aunque tan distintos fueren

de tal manera se quieren

que ahogados por el sudor

los dos entre cartas mueren.

Y lo mismo que el cajista

aunque el saber no le asista

tú sus arcanos penetras,

y dices, «no seré artista

pero soy hombre de letras.

Con las mejoras sociales

también ellos van conformes,

que por sus cambios legales

visten sin ser generales

generalmente uniformes.

Y no crean se mancilla

aunque no tengan blasones

el oropel con que brilla,

que las armas de Castilla

las llevan en los faldones.

Gasta sombrero, y no importa

que con limpieza se porta

aunque va hecho un Juan danzante,

que es su casaca más corta

que la paga de un cesante.

Copiaré sus distintivos;

de oro los galones son,

encarnados son los vivos,

y van ostentando altivos

en cada vuelta un alón.

¿Quién duda de tu poder

cuando en tu empleo tirano

tanto mal puedes hacer?

¡De ti que sueles tener

nuestra fortuna en tu mano!

¡Y qué corazón ansioso

cuando te ve no se alegra,

y más si gime amoroso,

y sabe que su reposo

lo traes en tu caja negra!

De ella, ¡qué males no lanzas!

Tal vez al verla sucumba

quien ríe en juegos y chanzas,

¡por que tu caja es la tumba

de millares de esperanzas!

Todos ansían el verte,

y en tu caja confundida

va con la vida la muerte,

y en ella junta la suerte,

dos extremos, ¡muerte y vida!

Si con el llanto las fiestas

en ella enlazadas vemos ,

no es estraño que pensemos

siendo cosas tan opuestas

que se junten en los extremos.

Ni extraño, si juntos van

extremos tan desiguales,

que siempre en el mundo están

y entrelazados irán

desdichas, bienes y males.

Y aunque los males también

de tu mano recibamos,

al verte nos alegramos,

y es natural , porque el bien

es lo que siempre esperamos.

¿Quién en el mundo diría

que llevas en una caja

el placer y la agonía?

¡A los unos la alegría

y a los otros la mortaja!

¡Cuál en ella se retrata

nuestro bien o mal profundo!

¡Allí la fortuna ingrata

al mundo, da vida o mata ,

con otro callado mundo!

Sí, porque allí un mundo va,

que allí hay dichas, ilusiones,

y esperanzas, y pasiones;

pero... es un mundo que está

encajonado en renglones.

Y pues Jesús soberano

(permite que le lo diga)

lleva el mundo en una mano ,

eres cual él, ¡que otro ufano

llevas sobre la barriga!

Y por esta razón sola

mi pobre razón alcanza

sin calentarme la chola,

que es mucha tu semejanza

con el niño de la bola.

En los cuernos de la Luna

yo vi maridos eternos,

y a tu llegada importuna

los vi hundirse ¡su fortuna

solo les dejó los cuernos!

¡A cuántos que en su dolor

maldicen su suerte impía

no truecas en su favor

las lágrimas de dolor

en lágrimas de alegría!

A un italiano al cantar

le llevas algún pesar,

y por ti maldice el arte,

pues se tiene que largar

con la música a otra parte.

¡La música! dije bien,

que en su destino tirano

es el único sostén,

y adonde va un italiano

va la música también.

Es una  máquina , un grillo

que siempre cantando está;

solo pensando en hoy va

si es artista de organillo,

y mañana, Dios dirá.

Quizá el mañana ha llegado

y su dicha no se labra.

¡Que para este desdichado

Dios es hombre muy callado

y no dirá una palabra!

Aunque no tengas, cartero ,

políticas opiniones,

tú eres quien obra el primero

tal vez en el mundo entero

las grandes revoluciones.

Mas también sueles pecar

en faltas y no pequeñas,

¿quién pudiera adivinar

el mal que puedes causar

equivocando unas señas?

Don Alegato que adora

las gracias de una beldad,

cuando sueña en su Señora,

sabe por casualidad

¡que le fue a su amor traidora!

Y de este cambio ligero,

de esta peripecia atroz,

¿quién fue el atroz mensajero?

Yo lo diré en alta voz,

¡algún error del cartero!

La familia de un cesante

que está de hambre medio muerta

y ya gime agonizante

tocando el ultimo instante

de su sepulcro á la puerta,

Cuando oye un dulce ¡tilín !

¡han llamado!, abran ligero,

¡¡Letra!!., ¿mas quién lisongero

trae de sus ansias el fin?

¡Quién ha de ser, el cartero!

Feliz vive un matrimonio,

aunque son pocos felices,

cuando ella en su dulce insomnio

¡zas!, sabe por el demonio

del marido los deslices.

¿Y quién el demonio fue

que dijo mal caballero

todo, de la letra al pie?

Sin rebozo lo diré,

¿Quién ha de ser? ¡El cartero!

Mas también la causa son

de que con dulces abrazos

se haga santa alguna unión;

¡pues unen amantes lazos

es de cura su misión!

Y también por sus locuras

desunen los matrimonios;

¡luego hacen más que los Curas!

¡Tú eres fuente de diabluras

cartero de los demonios!

De asuntos malos y buenos

no siendo tuyos, te hartas

eres curioso, o al menos

¿por qué, dime, tomas cartas

siempre en asuntos ajenos?

Y pues Jesús soberano

(permite que te lo diga)

lleva el mundo en una mano

tu eres cual él, que otro ufano

llevas sobre la barriga.

Y por esta razón sola

mi pobre razón alcanza

sin calentarme la chola

que es mucha tu semejanza

con el niño de la bola.

 

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