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Suspendido y vibrante
lanzado en
un gran vuelo, el Viaducto,
que quiere coger dos ciudades desdeñoso de los grandes ríos, puente sobre los aires, estremecido como un cuerpo que se lanza en escorzo, atónito, incitado por la grande glorieta, ávido de coger las luces que irradian por allá, el Viaducto, trémulo, soñador de sueños que andan, es la gran hamaca para los hombres osados, resueltos e indecisos, por la misma vehemencia de su gran ambición: de los hombres audaces que en su rostro reflejan como en una ventana de cristales desnudos, la rosa de la vida, las mil luces de arriba y de abajo; las mujeres que pasan, lejanas, todo eso, el porvenir maravilloso inabarcable que por igual incita a vivir y a morir en un pródigo salto ...
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El sol, al alejarse, lanzó un cohete-señal que ha prendido en los techos de las casas ... Mil heliógrafos lo recogen y multiplican sus llamas. La escuadra está ardiendo en el puerto. ¡Alarma! En la ciudad, todos los coches son los del servicio de incendios. La gente se apiña asustada. Todas las colinas están llenas de estrellas curiosas. ¡Anuncios luminosos! En las cúpulas de los templos han estallado granadas. ¡Pirotecnia peligrosa! ¡Todas las casas a la vez empiezan a arder por las ventanas!
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