ABELARDO LÓPEZ DE AYALA

ÍNDICE

A unos pies

La cita

Mi pensamiento

El sol y la noche

La cita

Mis deseos

A una bañista

 

A UNOS PIES

Me parecen tus pies, cuando diviso

que la falda traspasan y bordean,

dos niños que traviesos juguetean

en el mismo dintel del Paraíso.

Quiso el amor y mi fortuna quiso

que ellos el fiel de mi esperanza sean;

si aparecen, de pronto me recrean;

cuando se van, me afligen de improviso.

¡Oh, pies idolatrados; yo os imploro!

Y pues sabéis mover todo el palacio

por quien el alma enamorada gime,

traed a mi regazo mi tesoro

y yo os aliviaré por largo espacio

del dulcísimo peso que os oprime.

 

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LA CITA

¡Es ella!... Amor sus pasos encamina...

Siento el blando rumor de su vestido...

Cual cielo por el rayo dividido,

mi espíritu de pronto se ilumina.

Mil ansias, con la dicha repentina,

se agitan en mi pecho conmovido,

cual bullen los polluelos en el nido

cuando la tierna madre se avecina.

¡Mi bien! ¡ mi amor! ¡por la encendida y clara

mirada de tus ojos, con anhelo

penetra el alma, de tu ser avara!...

¡Ay! ¡ni el ángel caído más consuelo

pudiera disfrutar, si penetrara

 

segunda vez en la región del cielo!

 

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MI PENSAMIENTO

Bendigo el pensamiento, que no cesa

de abrasarse en tus ojos seductores,

y alado, como el dios de los amores,

siempre a tu oído mi pasión te expresa:

Que te sigue constante, y se embelesa

en vagar por las hojas de tus flores,

y te abraza, a pesar de tus rigores,

y cuanto más te enojas, más te besa.

Pájaro que del vuelo sostenido

gime cansado, reposar ansía

entre las pajas del oculto nido...

¡Oh Madre del Amor! En este día

confúndanse en un trémulo gemido

mi pensamiento y la adorada mía.

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EL SOL Y LA NOCHE

Encendido en sus propias llamaradas,
la sed devora al luminar del día,
y, eterno amante de la noche fría,
persigue sus espaldas enlutadas.
Ansioso de sus sombras regaladas,
en vano corre la abrasada vía;
que él mismo va poniendo el bien que ansía
donde nunca penetran sus miradas.
La dicha ausente, y el afán consigo,
arde y redobla su imposible instancia,
llevando en sus entrañas su enemigo…
¡Así corro con bárbara constancia,
y siempre encuentro mi ansiedad conmigo
y el bien ansiado a la mayor distancia!

 

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La cita
¡Es ella..! Amor sus pasos encamina...
Siento el blando rumor de su vestido...
Cual cielo por el rayo dividido,
mi espíritu de pronto se ilumina.
Mil ansias, con la dicha repentina,
se agitan en mi pecho conmovido,
cual bullen los polluelos en el nido
cuando la tierna madre se avecina.
¡Mi bien! ¡Mi amor!: ¡Por la encendida y clara
mirada de tus ojos, con anhelo
penetra el alma, de tu ser avara..!
¡Ay!, ¡ni el ángel caído más consuelo
pudiera disfrutar, si penetrara
segunda vez en la región del cielo!

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Mis deseos
Quisiera adivinarte los antojos,
y de súbito en ellos transformarme;
ser tu sueño, y callado apoderarme
de todos tus riquísimos despojos;
aire sutil que con tus labios rojos
tuvieras que beberme y respirarme;
quisiera ser tu alma, y asomarme
a las claras ventanas de tus ojos.
Quisiera ser la música que en calma
te adula el corazón: mas si constante
mi fe consigue la escondida palma,
ni aire sutil, ni sueño penetrante,
ni música de amor, ni ser tu alma,
nada es tan dulce como ser tu amante.

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A una bañista
¡Quién fuera el mar, que enamorado espera
que tu cuerpo interrumpa su llanura
y rodear tu espléndida hermosura
de un abrazo y a un tiempo toda entera!
Si yo en sus aguas infundir pudiera
el alma ardiente que adorarte jura,
en muestra de mi amor y mi ventura
te alzara en triunfo a la celeste esfera.
Y, al descender con mi tesoro, ufano,
convirtiendo la líquida montaña
en olas que anunciaran mi alegría,
en las costas del reino lusitano,
y en África, y América, y Bretaña,
mi grito de placer resonaría

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