Vida de 
Esopo
(fragmentos)

En las partes de Frigia, donde es la muy antigua ciudad de Troya avía una villa pequeña llamada Amonia, en la qual nació un moço disforme e feo de cara e de cuerpo más que ninguno que se hallase en aquel tiempo, ca era de gran cabeça, de ojos agudos, de negro color, de mexillas luengas, y el cuello tuerto, e de pantorrillas gruessas, e de pies grandes, bocudo, giboso, e barrigudo, e tartamudo, e avía nombre Ysopo, y como creciesse por sus tiempos sobrepujava a todos en saberes astociosos.
       El qual a pocos días que fue preso e captivo e traydo en tierras estrañas, e fue vendido a un cibdadano rico de Athenas llamado Aristes, e como este señor lo estimasse por inútil e sin ningún provecho para los servicios de casa, deputólo para labrar e cavar sus campos e heredades. E un día, como Zenas, a quien era encomendada la administración de la heredad por su señor, se levantasse de su reposo para trabajar como solía hazer en la dicha heredad, a poco de espacio le fue presente el señor con un moço llamado Agathopus. E como Zenas le mostrasse la digilencia de su trabajo, acaesció que llegó a una higuera en la qual avían madurado unos pocos de higos principalmente más que en las otras higueras. De los quales el dicho administrador con diligencia cogió, e con gran reverencia a su señor los presentó diciendo:
      _A ti pertenecen los fructos primeros de tu heredad.
      Y el señor, vista la belleza de los higos, dixo:
      _Grandes gracias te fago, Zenas, del buen amor que a mí tienes.
      Y como fuese ora, según avía acostumbrado de yr en tal día a bañar e limpiarse en un baño, dixo:
      _Agathopus, toma e guarda con gran diligencia estos figos, porque quando tornare del baño comience a comer con ellos.
      Empero, Agathopus tomando los figos e mirándolos, la cobdicia desordenada de la gula se acrecentó en él, e assí andando remirando los figos delante un compañero suyo, comióse los dos e dixo:
      _Si no oviesse miedo al señor, yo comería uno a uno estos figos.
      Respondióle su compañero diciendo:
      _Si tú quieres que entrambos a dos comamos, yo daré manera como no padezcamos mal ninguno por ellos.
      Dize Agathopus:
      _¿Cómo podría ser esso que dizes?
      Responde el otro:
      _A nosotros es manifiesta cosa que Ysopo veniendo de su hazienda demanda el pan que cada día le es acostumbrado a dar. E como el señor demande los figos, diremos que el Ysopo veniendo de su afán e obra, fallando aquellos figos en la despensa guardados, los ha comido. Y como el Ysopo fuere llamado, con la tardança e tartamudería que tiene no se podrá defender ni escusar y el señor açotarlo ha, e nosotros cumpliremos nuestro desseo.
E Agathopus, oydo el consejo, con la cobdicia que tenía de comer los figos, sin más pensar començaron a comer, e como los comiessen con gran plazer e alegría, dixo Agathopus riendo:
      _Dolor e tristura será a ti, Ysopo, que sobre tus espaldas furiosamente el señor absolverá la nuestra culpa.
E allí hablando e riendo, todos los higos se comieron. E viniendo el señor del baño demandó que le traxessen los figos en el principio de su comer, e díxole Agathopus:
      _Mi señor, el Ysopo viniendo de su trabajo como hallasse la despensa abierta entró en ella, e no mirando razón alguna los ha comido todos.
      Oyendo esto el señor e movido de yra, dixo:
      _¿Quién me llamará a esse Ysopo?
      E como el llamado ante él viniesse, díxole el señor:
      _¡Dime, scelerado tacaño sin vergüença! ¿De tal manera me catas y tan poco me temes que los figos que estavan en la despensa /f. IIIv/ guardados para mí has tenido osadía de comer?
      El Ysopo, no pudiendo responder a las palabras del señor por tener la lengua tartamuda, estava temeroso. Y el señor lo mandó desnudar. Mas como en astucias y cavillaciones fuesse agudo, pensó que por aquellos que presentes estavan fuesse solamente accusado de los figos, e fincándose de rodillas a los pies del señor, con señales le demandó un poco de tiempo antes que lo mandasse ferir. Y pensando el Ysopo que no podía satisfazer con palabras al engaño que le avían levantado aquellos falsos acusadores que presentes le estavan e que le era de necessidad defenderse con arte e astucia, por tanto, fuesse para el fuego e tomó una olla de agua caliente que ende halló y echó de aquélla en un bacín e bevió d'ella. Y dende a poco metió los dedos en la boca y echó solamente el agua que avía bevido, por quanto en aquel día otra vianda no avía comido. E assí mesmo, pidió por merçed a su señor que aquellos acusadores beviessen de aquel agua caliente. Los quales como por mandado del señor beviesen, porque no vomitassen tenían las manos a la boca, mas como el estómago con el calor del agua ya fuesse resolvido, echó fuera el agua rebuelta con los figos. E viendo el señor manifiestamente la esperiencia de aquellos que avían comido los figos, buelto a ellos díxoles:
      _¿Por qué avéys mentido contra éste que fablar no puede?
E assí mandólos desnudar e publicamente açotar diziendo:
      _Qualquier que contra otra alguna cosa por engaño levantare o acusare, por ygual e por galardón será su cuero afeytado y guarnescido.

      E después en el siguiente día fuesse el señor para la cibdad. E como estuviesse el Ysopo en su labor cavando en el campo, allegóse a él un sacerdote llamado Ysidis, el qual andava errado del camino e rogó al Ysopo que le enseñasse por quál camino podría yr a la cibdad. El Ysopo, como aquél que era muy piadoso, tomóle por la mano e fizo assentar al sacerdote debaxo de una sombra de higuera y diole pan e azeytunas, e figos e dátiles, e rogóle que comiese. Y dende fuesse Ysopo a un pozo e sacó agua y diole a bever. E después que Ysidis ovo folgado y reposado, Ysopo, con gran amor y diligencia, le enseñó el camino de la cibdad. E pensando allí el sacerdote que con pecunias no podría satisfazer a tanta caridad que del Ysopo avía recebido, deliberó de rogar a los dioses por aquél que con tanto amor y caridad y tan afectuosamente lo avía endereçado.
E como el Ysopo fuesse tornado a la heredad a la hora de la siesta, assí como es de costumbre a los trabajantes en tal hora reposar y dormir, adurmióse a la sombra de un árbol. E como la diosa de la piedad y de caridad oviesse oydo y entendido las plegarias de Ysidis, apareció a Ysopo y diole en gracia que pudiesse fablar distintamente y sin ningún impedimento todos los lenguajes de las gentes, y que entendiesse los cantares de las aves y las señales de los animales, y que dende adelante fuesse inventor y recitador de muchas y diversas fábulas. El Ysopo, despertado del sueño, dixo entre sí:
_¡O, cómo he folgado dulcemente, y me parece que aya soña_ /f. IIIIr/_ do un sueño de gran maravilla, y me semeja que sin trabajo ninguno fablo y las cosas que veo nómbrolas por sus nombres, y los cantares de las aves yo bien entiendo, e conozco las señales de las animalias, por los dioses todas las cosas entiendo y percibo! E no puedo pensar dónde tan súbito tal conocimiento aya recebido. Pienso que por la piedad, caridad y amor de que muchas vezes he usado contra los huéspedes me han fecho esta gracia los dioses, ca quien cosas derechas haze, buenas esperanças recibe en el coraçón siempre…

 

      E llegando el philósopho a su casa dixo a Ysopo:

      _Quédate aquí ante la puerta un poco, entre tanto que voy al estudio y a tu señora hable de ti.

      Dixo Ysopo:

      _No te esperaré nada, mas faré lo que me mandas.

      Xanthus, entrado en su casa, dixo a la mujer:

      _De aquí adelante cessarás de barajar y reñir comigo diziendo que codicio tus moços. Cata que te he comprado un moço assí sabio que no viste fasta oy otro más fermoso y más elegante y gentil.

      Las esclavas, desque esto oyeron, creyendo que era assí verdad, començaron a contender y a reñir unas con otras. Una dezía:

      _El señor me ha comprado a mí éste por marido.

      Y otra dezía:

      _Yo soñé esta noche que mi señor me desposava.

      Y demientra que ellas assí hablavan, dixo la muger a Xanthus:

      _¿Dónde está esse a quien tanto alabas? Mándale venir acá.

      E dixo el philósopho:

      _Ante la puerta está. Llámelo alguno que suba el nuevo comprado.

      E una de las esclavas mientra las otras se barajavan sobre quién lo llamaría, fuese para él callando y dezía entre sí:

      _Yo iré primero y lo tomaré por marido.

      E assí quando fue a la puerta començó a dezir:

      _¿E dónde está el mi nuevo esperado?

      Y Ysopo le respondió:

      _A quien tú demandas yo soy.

      E como ella lo miró, mudósele la color y espantada dixo:

      _Guay, huyo y apártome de la fantasma y donde es la cola.

      Dixo el Ysopo:

      _Si rabo avrás menester, no te faltará.

      E como él quisiesse entrar en casa dixo la sierva:

      _Acá no entrarás ca todos quantos son en ella fuyrán como te vean dentro en casa.

      E después, tornada a las compañeras que estavan desseosas de lo ver, díxoles:

      _Por mucho mal, yd allá y veedlo.

      E otra d' ellas saliendo fuera, como mirasse a Ysopo tan feo y tan espantoso, díxole:

      _Loco, cierra tu boca, guarda allá no me tangas.

      E presentóse ante su señora Ysopo como entrasse en su casa. Mas como ella lo miró bolvió el rostro atrás y dixo a su marido:

      _¿Cómo espantajo y mostruo me avéys comprado por esclavo? Apartádmelo allá de mí.

      El philósopho respondió:

      _Muger, amansad vuestro coraçón, ca por siervo vos lo he comprado. Y aun es assaz sufficiente de sciencia.

      Y ella díxole:

      _No soy tan nescia que no conozca que ya me aborrescéys y buscáys otra muger porque abiertamente no me lo osáys dezir. Por tanto me avéys traydo esta cabeça de perro pensando que ante me yré de casa que conversar con él, mas pu_ /f. VIv./_ es assí es dadme mi dote y yo me yré en paz.

      E Xanthus dixo a Ysopo:

       _Quando yvamos por el camino hablavas. Ahora que es menester que fables callas y no dices nada.

       E Ysopo le respondió:

      _Señor, pues que esta tu muger es d' esta condición tan soberviosa y enojosa, échala en las tinieblas.

      E Xanthus le dixo:

      _Calla, que eres digno de ser açotado. No vees que la amo como a mí mismo y no menos.

      Respondió Ysopo:

      _Ruégote que la ames.

      Xanthus le dixo:

      _¿Pues qué otra cosa?

      Entonces Ysopo hiriendo con él un pie la sala con alta boz llamava diziendo:

      _Este philósopho es detenido y preso de la muger.

      Y buelto a la señora començó de fablar d'esta manera:

      _Mi señora, yo te amaré y trabajaré porque ayas paz y bien. Tú querrías que te comprasse tu marido esclavo mancebo de edad, fermoso de fechura, sabio, apuesto y ordenado que te esperasse en el baño y te echasse en la cama y te rascasse los pies, y aun quando tú quisiesses que confundiesse al philósopho. Ay dolor en los peligros de la mar, boca de oro y no mentirosa en nada, y lo mejor donde dize: "muchos son los ímpetus y bueltas de la mar, y muy muchos son los ímpetus y arrebatamientos de los arrojos, difícile y áspera cosa es soportar la pobreza." E por cierto infinitas cosas son malas de soportar y sufrir, mas lo que peor es de comportar y tolerar es la mala hembra, mas tú, señora, no quieras moços fermosos y loçanos que te sirvan, porque en un poco de tiempo no des desonor y infamia a tu marido.

      E como su ama oyesse estas cosas dixo:

      _No solamente es feo y disforme mas parlero y cruel, y hallador de crueldades, y con qué palabras se burla de mí y me escarnesce. Mas yo me guardaré y me emendaré.

      Entonces dixo el philósopho:

      _Ysopo, cata que la señora está enojada.

      Responde el Ysopo:

      _Non se da assí de ligero poder amansar y aplazer a la muger

 

      Entonces le mandó callar el señor a Ysopo, diziéndole:

      _Calla ya, ca assaz has hablado. Toma una cesta y sígueme para que compremos alguna verdura.

      E assí se fueron a una huerta. E dixo el philósopho al ortelano:

      _Danos de la verdura.

      Y el ortelano tomó un faz en que avía bretones y otras verduras juntamente y diolas a Ysopo. E como su señor pagasse el precio y començasse andar, dixo el ortelano:

      _Ruégote, maestro, que me speres un poco porque querría preguntarte una quistión.

      Dixo el philósopho:

      _Plázeme y so contento de sperarte. Fabla lo que te plazerá.

      Y dixo el ortelano:

      _Maestro, las yervas y ortalizas que diligentemente se siembran y se labran con gran cura, ¿por qué vienen más tarde que las que nacen por sí y no se labran?

      E Xanthus, como oyesse esta quistión philosophal y no pudiesse responder a ella, dixo:

      _Estas semejantes cosas proceden de la providencia divina.

      De lo qual Ysopo se rió con gana. E díxole su señor:

      _¡Loco! ¿Te ríes o te escarneces?

      Dixo Ysopo:

      _Escarnezco no a ti, mas al philósopho que te enseñó, y ¿qué solución de philósopho es que por la divina providencia proceden estas cosas tales? Esso también saben los albarderos.

      Díxole Xanthus:

      _Pues suelta tú la quistión.

      Respondió Ysopo:

      _Si me lo demandas a mí, cosa ligera es de fazer.

      Entonces el maestro, buelto al ortelano, dixo:

      _No conviene al philósopho que continuamente enseña en los estudios, en las huertas responder y soltar las quistiones. Mas éste mi moço que en estas cosas es assaz sabio soltará la quistión. Por tanto, ruégagelo.

      E dixo el ortelano:

      _¿Esse suzio sabe letras? ¡O, qué malaventura!

      Y dixo a Ysopo:

      _E tú, moço, ¿has conoscimiento d'estas cosas?

      Al qual dixo Ysopo:

      _Pienso que sí, mas está atento. Tú demandas por qué las ortalizas que tú siembras y labras crecen más tarde que las que de suyo nascen y no /f. VIIr/ se labran. Abre las orejas y oye: Assí como la muger biuda que ha hijos y casa con otro marido que tiene hijos a los unos es madre y a los otros madrastra y gran diferencia es entre los hijos y entenados, ca los hijos con gran afición y diligentemente son criados y los entenados con negligencia y muchas vezes con aborrecimiento se tratan. D' esta manera, la tierra es madre a las yervas que por sí nascen y a las otras que por mano del hombre se siembran es madrastra.

      E como oyesse el ortelano estas cosas díxole:

      _Gran enojo me has quitado. De gracia te do las verduras y quando las ovieres menester vendrás. Y toma de gracia qualquier cosa de la huerta

 

      Después de algunos días dixo Xanthus a Ysopo:

      _Adereça el yantar elegante y precioso con buena salsa.

      El Ysopo compró las cosas necessarias, y viniendo a casa falló a la señora durmiendo en la cámara dentro, a la qual dixo:

      _Señora mía, mira porque no coma d' esto que aquí pongo el perro.

      Respondió ella:

      _Vete en buena hora y no te cures que aun mis nalgas tienen ojos.

      E como el Ysopo aparejó aquello que cumplía, y otra vegada entrando en la cámara hallasse a ella durmiendo echada las partes traseras hazia la mesa, acordóse de lo que un poco ante le avía dicho. E alçóle las faldas fasta las nalgas y dexóla dormir descubierta mirando con las nalgas a la mesa. El philósopho entrando en casa vio estar durmiendo a la muger descubierta de la cinta abaxo, y de gran vergüença confuso llamó a Ysopo en presencia de los escolares que eran allí con él, diziendo:

      _¿Qué cosa es esto, hombre suzio?

      Respondió él:

      _Mi señor, mientra yo aparejava de comer en la cozina lo que convenía, rogué a mi señora que un poco mirasse porque no comiesse el perro lo que estava puesto en la mesa, y mi señora dixo: "No cures, que aun mis nalgas tienen ojos". Y yo, hallándola como veys durmiendo calladamente le descubrí aquellas partes porque los ojos que tenía en ellas pudiessen ver la mesa puesta.

      Entonces dixo el philósopho:

      _Mal siervo, muchas vezes has cometido cosas vanas, mas en ningún tiempo feziste peor cosa que agora, que a mí y a mi muger tan suziamente nos has escarnecido. Agora por los combidados de grado se te perdona, mas ocasión vendrá que hasta que mueras te faga açotar.

 

      Después de pocos días, Ysopo, codiciando de ver a Grecia, demandó licencia al rey, prometiéndole de bolverse para él y de gastar lo restante del tiempo en Babilonia. E assí, andando por las ciudades de Grecia, mostrando su sabiduría ende en fábulas, grande nombre ganó y adquirió en sabiduría. Finalmente, Ysopo se passó a un lugar llamado Delfo, el qual era cibdad muy honrada e cabeça de región. E como los pueblos le oyessen y le siguiessen y honra alguna no le fiziessen, Ysopo les dixo:

      _Varones de Delfo, vosotros soys, por cierto, semejables al árbol, el qual es traydo a la mar. El madero quando está lexos de la mar parece una cosa grande, mas quando está cerca conócese cómo es pequeña cosa. Yo, assí fuesse apartado de vuestra cibdad, como pensava que vosotros érades los más excelentes de todos, mas agora estando cerca conózcovos por menos discretos de todos.

      Los delfos, oyendo éstas y otras semejantes palabras, dixeron entre sí:

      _Éste, como por las otras cibdades ha sido mucho seguido y tenido de los pueblos, si nosotros no nos guardamos, por cierto, por sus fábulas y enxemplos quitará y menguará la auctoridad d'ésta, nuestra cibdad. Por ende, ayamos consejo sobre esto.

      E assí acordaron de matar a Ysopo por engaño, levantándole que era malo y sacrílego. E porque el pueblo no lo osava matar públicamente sin razón, guardaron al serviente de Ysopo quando viniesse de adereçar sus cosas para se partir e pusiéronle dentro en sus cargas una redoma de oro escondidamente, la qual era del Templo del Sol. E Ysopo, no sabiendo las assenchanças e trayción que estavan contra él aparejadas, partióse de aquel lugar para otro lugar llamado Focida, al qual siguieron los de Delfo e lo prendieron con gran clamor. E como Ysopo les rogasse que le hiziessen saber por qué lo detenían, dando grandes bozes, dixéronle:

      _¡O malo! ¡O malvado facinoroso! ¿Por qué robaste el Templo de Apolo del Sol?

 

     Lo qual Ysopo negó abiertamente, soportándolo de mal coraçón. Mas los delfos desataron las cargas e fallaron en ellas la redoma de oro, la qual mostrando a todos, con gran tumulto e ruydo, afincadamente lo traxeron a la cárcel. E Ysopo, aún no sabiendo la falsía e trayción, rogávales que le dexassen yr su camino, y ellos le apremiavan e constreñían más afincadamente en la cárcel. E Ysopo entonces, como no viesse camino de escapar e conocía que tenían conseja_ /f. XVv/_ do de lo matar, gemía y aquexávasse de su fortuna mala. E un su amigo que avía nombre Demas, entrando en la cárcel, viendo a Ysopo gemir, díxole:

      _¿Por qué te aquexas e gimes assí, Ysopo? Está con fuerte coraçón e toma buena esperança, y consuela a ti mismo.

 

       Y ellos assí estando, los delfos condennaron por sentencia e público decreto a pena de muerte a Ysopo como a robador e sacrílego del templo. E ayuntándose en uno, sacáronlo de la cárcel para lo despeñar de una peña abaxo, lo qual conociendo, díxoles Ysopo:

      _En el tiempo que las animalias brutas eran en concordia, el mur con la rana, tratada y fecha amistad, la combidó a cenar. E assí, entrando en una cámara donde estavan el pan, miel, figos e otras muchas viandas buenas, dixo el mur a la rana: "D'essas viandas escoge e come de las que mejor te sabrán e avrás mejor apetito." E después que se alegraron e folgaron con aquellas viandas, rogó la rana al ratón: "Pues yo he comido e folgado contigo, razón es que tú vengas a conocer mi casa y compañía y tomes de mis cosas como amigo y hermano, mas porque passes más seguro, ata tu pie al mío." El mur, creyéndolo, hízolo assí. Y atados los pies, la rana saltó en el río y levó al ratón nadando. Y assí, viéndose el mur que se ahogava y moría dentro en el agua, dixo a bozes: "Por engaño soy muerto de ti. Alguno de los que quedan en vida me ha de ser vengador de ti." Ellos estando en esta contienda, sobreviene el milano, e viendo al mur en el agua, arrebatólo en uno con la rana y comiólos ambos juntamente. Agora, sin culpa y contra derecho, muero yo de vosotros e soy penado, mas Babilonia e Grecia me ha de vengar de vosotros que cometéys en mí este mal.

Los delfos, oyendo estas cosas, no curaron de lo dexar, mas antes trabajavan por lo llevar a la peña donde lo querían despeñar. Mas Ysopo, repugnando, huyó de sus manos e acogióse al templo de Apolo e subióse al altar, mas no le valió nada, ca los delfos, por fuerça y cruelmente sacándolo dende, con gran yra e ímpetu e arrebatamiento e aquexosamente lo llevaron a despeñar. E Ysopo, viéndose traer assí deshonradamente, díxoles:

      _Cibdadanos de Delfo, mirad a vuestro Dios. Maguer esta su casa sea pequeña, no lo queráys desonrar, mas catad vergüença e mesura a Apolo, al qual Dios yo me acogí, donde me avéys sacado.

Mas ellos, no entendiendo en sus palabras, con gran acucia lo llevavan a la muerte. E viendo Ysopo su fin ser presente muy ayna, díxoles:

      _Varones malvados y crueles, pues no puedo que me entendáys mis amonestamientos, a lo menos atended muy diligentemente a este enxemplo: Una muger tenía una hija loca e virgen, y continuamente rogava a los dioses que infundiessen seso a su hija. Y como la madre fiziesse esta plegaria muchas vezes, y aun públicamente, la hija loca retúvola en sí. E después de algunos días, estando en una aldea a donde avía ydo con su madre salió fuera de casa e vio cómo un mancebo aldeano quería aver acesso con una borrica muy feamente. Y la moça llegando al mancebo preguntóle: "¿Qué fazes, buen mancebo?" El qual respondió: "A esta asnilla infundo el seso." La moça loca, acordándose de las palabras de la madre, dixo: "Ay, buen mancebo, ruégote que infundas también a mí el seso. Y si lo fazes, no trabajarás de balde, porque mi madre lo avrá en mucha gracia." El aldeano, dexando la borrica, violó y corrompió la virgen. Y ella, assí corrompida e alegre, corrió para la madre diziéndole: "Alégrate, madre, ca por tus plegari_ /f. XVIr/_ as he ya rescibido seso." Respondió la madre: "¿E cómo mis ruegos oyeron los dioses, o qué es esto?" Respondió la hija: "Agora, poco ha que un mancebo me metió una cosa nerviosa un poco luenga con dos ñudos pendientes abaxo en mi vientre dentro, e sacándolo e tornándolo a meter apressuradamente, yo lo recebí con voluntad por cierto. E assí me ha infundido el seso y yo lo siento assí en mi coraçón." Entonces dixo la madre: "Guay de vos, mi hija, antes vos digo que entonces lo perdistes si algún seso antes avíades."

 

       Otrosí les rogó que oyessen otra fábula d' esta manera:

      _Un labrador, como en el campo se envegeciesse y no oviesse visto jamás alguna cibdad, cobdiciando de la ver, rogó a sus parientes que le llevassen a la cibdad. Y ellos pusieron en un carro al viejo, el qual llevavan dos asnos uñidos. Y dixeron: "Agora aguíjalos, ca ellos por sí mismos te levarán a la cibdad." Mas como el viejo caminasse para la cibdad conteció un torvellino de viento súbitamente, de manera que se escureció el ayre de tinieblas y los asnos, errando el camino, lleváronlo a un lugar alto y peligroso. El viejo, viendo el peligro de la muerte en el qual estava, llamó a Jupiter, diziendo: "¡Ay Júpiter! ¿En qué cosa ofendí tus templos e majestades porque assí perezco mezquinamente? ¡Ca aún si fuera arrastrado e despeñado de caballos preciosos y excelentes, mas de unos asnillos muy viles!"

      E assí dixo Ysopo:

      _Yo no soy atormentado de hombres claros e illustres, mas de siervos inútiles e perversos soy muerto.

      E llegando al lugar del despeñamiento, recontóles otra vez d'esta forma:

      _Un hombre, seyendo preso del amor de su hija, embió a una aldea a su muger, e tuvo la hija en casa. La qual como violasse y estuprasse, díxole la fija: "Padre, cosas defendidas y feas cometes. Yo quisiera más padescer este crimen y mal de otros ciento que de ti sólo."

      E assí dixo Ysopo:

      _Varones de Delfo, malos y perversos. Yo escogiera cercar a toda Cilicia y todos los peligros de la mar sufrir antes que de vosotros assí injuriosamente morir. Ruégovos y a vuestros dioses e a vuestra tierra requiero y amonesto a todos, que oyan a mí que muero injustamente y reciban de vosotros dignas venganças de tormentos y penas.

      Mas ellos, no curando de le oyr nada, de una peña áspera lo hizieron despeñar y caer. E assí, el cuytado Ysopo feneció su vida. E muerto Ysopo, la pestilencia e hambre e un gran furor e locura de coraçón comprehendió e cayó sobre los delfos, sobre lo qual demandaron consejo a Apolo. E ovieron respuesta que fiziesse un oratorio a Ysopo para amansar e aplacar a los dioses. E assí compungidos e arrepentidos de coraçón porque mataron a Ysopo injustamente, le edificaron un templo. Por lo qual, los príncipes de Grecia e los adelantados e presidentes de todas las provincias, oyda la muerte de Ysopo, vinieron para los delfos. E avida su diligente inquisición e sabida la verdad, justiciaron y castigaron a los que fueron en su muerte con dignas penas e turmentos. Assí vengaron la muerte de Ysopo.

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