Victoriano Martínez Muller

Dije ayer al padre Arenas:

«¿Dó vais tan ligero, dónde?»

Y veis aquí que responde:

«A oír pláticas obscenas».

«Pues he de ver con quién tratas»,

díjeme para mi adentro:

conque lo busqué y lo encuentro

confesando a las beatas.

No sé por qué amor platónico

llaman al que es puro y casto;

porque, si es amor de ayuno,

¿para qué hace falta el plato?

«¿No valgo yo más que un burro?»,

con fea voz de abejorro

decía ayer en un corro

envaneciéndose un curro.

 

Yo, para poner remedio

a su mucha tontería,

le repuse que valdría

por lo menos burro y medio.

 

El sátrapa don Antonio

exclamaba el otro día:

«¡Es muy pesada, a fe mía,

la carga del matrimonio!»

 

Y entonces, con mucha sal,

repuso la bella Inés:

«Por eso tengo yo tres

que ayuden a mi Pascual».

 

Cierta noche que Pilar

de dormir tuvo deseo,

dijo: «Quisiera dormir

en los brazos de Morfeo».

 

La oyó una beata de éstas

gruñonas en demasía,

y exclamó: «¡Qué deshonestas

son las muchachas del día!»

 

 PULSA AQUÍ PARA LEER POEMAS SATÍRICO-BURLESCOS

 

IR AL ÍNDICE GENERAL